Características de las fachadas vegetales

21-jul-2010 Sergio Gómez Trillo

Fachada vegetal en Avignon, Francia - Superbus
Fachada vegetal en Avignon, Francia - Superbus
Hace más de 20 años, el frances Patrick Blanc patentó la primera fachada vegetal. En numerosos proyectos, este sistema se ha aplicado satisfactoriamente.

Entre los profesionales de la construcción, se comparte un pensamiento a tenor de los últimos avances que se han conseguido en torno a la arquitectura verde y el urbanismo respetuoso con el medio ambiente. Cada día surgen en el mercado nuevos avances en materiales, sistemas de construcción y soluciones que optimizan las prestaciones de los futuros edificios. Pero por lo que parece, la crisis en la que se encuentra inmerso el sector, ha paralizado drásticamente su incorporación.

Las estanterías de soluciones arquitectónicas se encuentran repletas de materiales innovadores en características acústicas, térmicas, reducción de emisiones de CO2 o sistemas que mejoran las prestaciones en tiempo y recursos. En este sentido, la austeridad y la desconfianza es más latente que nunca, y con ello el motor de España por antonomasia, empieza a acumular un considerable retraso respecto a aquellos países como Alemania o Francia.

Emergen las fachadas vegetales como solución térmica

Las fachadas verdes, o fachadas vegetales, se están posicionando como una solución indispensable para satisfacer el objetivo del urbanismo del siglo XXI, y que no es otro que la construcción de viviendas ecoeficientes 100%. El fundador de esta solución, el francés Patrick Blanc, ejecutó su primer muro vegetal en 1988, en el proyecto Ciudad de las Ciencias y de la Industria de París.

Su facilidad para combinar diferentes colores y texturas, así como un creativo diseño a la hora de adecuarse a las singulares condiciones de cada proyecto, han sido muy valoradas entre los profesionales del sector. Con ello, este tipo de actuaciones empezó a propagarse en importantes proyectos y afamados arquitectos como Jean Nouvel, Foster o Herzog & de Meuron. La utilización de este sistema no solo está justificada por una cuestión estética, sino que sus aportaciones en aras de la sostenibilidad y optimización energética son muy llamativas.

La aportación de las fachadas vegetales en torno a la eficiencia energética

En este aspecto, la evolución ha sido sustancial desde el primer muro vegetal que patentó Blanc, en 1988. Este sistema se basaba en la superposición de vegetación sobre una estructura metálica y varias capas de fieltro de poliamida y planchas de PVC con un espesor de 10mm. Un sistema de riego a base de tubos periódicamente agujereados, a semejanza del riego por goteo, completa esta innovación y sobre la cual se han ido desarrollando nuevas soluciones más eficientes en materia energética.

El planteamiento inicial desarrollado por Blanc se sitúa en el entorno de la estética, sin profundizar en las cuestiones relacionadas con el consumo energético de los edificios. Con el paso del tiempo y la investigación en nuevas soluciones se ha podido saber que estos muros vegetales son capaces de reducir el consumo de climatización en torno a un 35%, en función de las características del edificio y del propio muro vegetal.

La absorción de gases contaminantes, el reto de las fachadas vegetales

Sin embargo, y aun dependiendo de las plantas que componen el muro vegetal, resulta ínfima la captación de CO2 en relación al generado por el propio edificio, siempre inferior al 1%. Son elogiables las innovaciones realizadas en aras de optimizar el soporte y estudiar un abanico de posibilidades de vegetación a incorporar en función de los condicionantes estéticos, sería recomendable un acercamiento al tratamiento de la absorción de polución y emisiones de CO2.

En este sentido, se encamina una de las últimas innovaciones presentadas al mercado por una reconocida marca nacional. La fachada vegetal patentada ofrece unos magníficos resultados en reducción y absorción de gases contaminantes, como así lo certifica el laboratorio de la Universidad Politécnica de Valencia. Según afirma la empresa que ostenta la patente del producto “una estimación sobre 200 edificios, descontaminarían un volumen equivalente a 2.638 millones de m3 de aire al año. O lo que es lo mismo, más de 400.000 personas podrían respirar, durante un año, aire libre del perjudicial NOx de coches e industria”.

El mosaico de luces y sombras, así como las tonalidades de colores, conjuntamente a la elevada capacidad de refrigeración siguen siendo las características referentes de esta propuesta verde. No obstante, el esfuerzo parece multiplicarse día a día en aras de dar una respuesta eficaz a la preocupación existente con el cambio climático, encontrándose en el mercado numerosas soluciones en este sentido. Las fachadas vegetales están devolviendo el protagonismo natural que hace años el crecimiento de las ciudades se encargó de devorar.

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